Taller 9
Horario 1002
Horas:
Taller: 11 horas
Nivel:
10
Sílabo:
[Post rural: territorios en movimiento]
Carreteras, corredores mineros, gasoductos, redes energéticas y otros grandes dispositivos territoriales están transformando de manera profunda e irreversible las formas de habitar, producir y gobernar el territorio peruano. Estas infraestructuras, propias del capitalismo extractivo y logístico contemporáneo, han sido concebidas como ejes de integración económica multiescalar; sin embargo, sus efectos territoriales y socioambientales han sido profundamente ambivalentes. Megaproyectos como la Carretera Interoceánica Sur, que articula la Amazonía peruana con Brasil, han acelerado procesos de deforestación, minería ilegal y expansión informal, mientras que en el sur andino el Corredor Minero Apurímac–Cusco–Arequipa ha reconfigurado el territorio como un espacio logístico de tránsito global, concentrando más del 60 % del PBI regional en la actividad minera.
Estas infraestructuras expresan una tensión estructural del desarrollo contemporáneo: al tiempo que facilitan la inserción del país en circuitos económicos globales, producen degradación ecosistémica, reconfiguración de la matriz laboral y profundas transformaciones materiales, donde paisajes rurales y naturales son sustituidos por geografías extractivas y logísticas. En este contexto, lo urbano deja de ser una condición confinada a la ciudad y se manifiesta como una red territorial extendida. El concepto de “urbanismo extendido” redefine así lo urbano como una condición planetaria, relacional y materialmente distribuida, más allá de la forma metropolitana tradicional (Schmid & Topalovic, 2023).
Esta expansión no supone la desaparición de lo rural, sino su reconfiguración. Tal como plantea OMA en Countryside (2020), el campo contemporáneo se ha convertido en un espacio estratégico de experimentación tecnológica, productiva y territorial. En el contexto peruano, estas transformaciones se articulan con la noción de “nueva ruralidad”, desarrollada por Damonte y Glave (2016) en continuidad con Escobal, Trivelli y Revesz, que describe la diversificación de la economía familiar campesina, la ampliación de los espacios de vida hacia ámbitos urbano-rurales y la integración relacional entre mercados locales y regionales. En territorios extractivos, esta nueva ruralidad adopta formas específicas: la incorporación de ingresos mineros como eje de acumulación genera procesos de descampesinización selectiva, monetización de la economía local y urbanización de la vida social, sin derivar necesariamente en territorios de desarrollo autónomo. Emergen así configuraciones híbridas: corredores económicos, enclaves extractivos, pequeños centros agrícola-mineros y pueblos viales; donde arquitectura, infraestructura y ecología se entrelazan de manera conflictiva pero estructurante.
Este escenario debe entenderse en el marco del “Antropoceno”, época en la que la actividad humana se ha convertido en la principal fuerza de transformación del planeta. Más allá del cambio climático, el Antropoceno implica la alteración sistémica de ecosistemas, paisajes y ciclos materiales a escala planetaria, y plantea la necesidad de transitar desde estrategias de mitigación insuficientes hacia enfoques de adaptación territorial, social y material. Para la arquitectura, esta condición es central: el entorno construido constituye una de las expresiones más intensivas en materiales y energía de la acción humana, vinculando directamente la práctica arquitectónica con la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y el agotamiento de recursos.
En este contexto, comprender el territorio desde el Antropoceno exige superar la dicotomía ciudad–campo y concebir la arquitectura como una práctica territorial ampliada. Las huellas materiales del desarrollo urbano (canteras, minas, represas y corredores energéticos) se localizan mayoritariamente en espacios rurales, revelando que la ciudad es solo una parte visible de un sistema territorial más amplio. Repensar la arquitectura implica, por tanto, examinar críticamente el origen, uso y destino de los materiales, así como desplazar el programa como único motor del diseño para incorporar variables como eficiencia energética, adaptación al suelo, economías locales y ciclos productivos.
Desde esta perspectiva, el PFC [Post-Rural: Territorios en movimiento] entiende la infraestructura no solo como soporte técnico, sino como agente de urbanización y mediador ecológico. El curso analiza territorios donde convergen la economía global y las prácticas locales, la integración y la exclusión, el desarrollo y la degradación ambiental. Asimismo, introduce la idea de “descarbonización situada”, que cuestiona las visiones universales de la transición energética y plantea la necesidad de repensar la relación entre infraestructura, territorio y vida desde contextos específicos.
Los estudiantes abordarán estas problemáticas mediante el proyecto arquitectónico y territorial, entendiendo el diseño como una herramienta crítica de investigación, mediación y producción de conocimiento. A partir de análisis multiescalares y de la elaboración de propuestas proyectuales, el taller los convoca a explorar modelos de intervención urbano-rurales adaptativos, capaces de responder a las dinámicas territoriales contemporáneas y a los desafíos de la adaptación climática. En este proceso, se promoverá la formulación de escenarios en los que infraestructura, sistemas ecológicos y comunidades se articulen desde enfoques integradores, inclusivos y orientados a la resiliencia territorial.
Caso de estudio 1: Nueva Carretera Central
El PFC [Post-Rural: Territorios en movimiento] se estructura a partir del análisis y la intervención proyectual en grandes infraestructuras territoriales que operan como agentes de urbanización, transformación ecológica y reconfiguración socioeconómica en el Perú contemporáneo. El taller trabajará con diversos casos de estudio, entendidos no solo como obras de ingeniería, sino como territorios en disputa, paisajes en transición y sistemas espaciales complejos. El primer caso de estudio es la Nueva Carretera Central, una de las futuras infraestructuras más significativas del país por su escala, impacto territorial y capacidad de reorganizar las relaciones entre ciudad, campo, producción y movilidad.
La Nueva Carretera Central será abordada como un proyecto de infraestructura estratégica que transformará de manera profunda el territorio andino. Con una extensión de 183 kilómetros, cuatro carriles y una inversión superior a S/ 24 500 millones, la autopista conectará Lima con el valle del Mantaro, atravesando seis provincias y más de treinta localidades entre Lima, Huarochirí, Yauli, Tarma, Jauja y Huancayo. Su trazado recorrerá quebradas, valles interandinos y zonas de alta montaña caracterizadas por la superposición de actividades agrícolas, mineras, industriales y logísticas, así como por una elevada vulnerabilidad socioambiental.
Desde una perspectiva territorial, la carretera operará como un agente estructurante, capaz de reorganizar flujos de personas, mercancías y capital, y de producir nuevas condiciones espaciales a lo largo del corredor. La intensificación de la movilidad redefinirá las relaciones entre lo urbano y lo rural, generando procesos de urbanización dispersa y configuraciones espaciales híbridas. Estas transformaciones se articularán con los procesos de nueva ruralidad, en los que los territorios rurales ampliarán y diversificarán sus economías, integrándose a circuitos regionales y globales sin perder necesariamente su anclaje territorial.
El proyecto será analizado, además, en el marco del Antropoceno, entendiendo la infraestructura como una de las principales expresiones materiales de la transformación humana del territorio. La carretera incidirá en la fragmentación del paisaje, la alteración de sistemas hídricos y la exposición a riesgos naturales y climáticos, lo que hará imprescindible incorporar estrategias de adaptación climática en su análisis y en las propuestas proyectuales. En este sentido, la infraestructura será comprendida no sólo como un soporte de movilidad, sino como un espacio crítico de mediación entre sistemas técnicos, ecológicos y sociales.
La Nueva Carretera Central configurará así un territorio de intersección, donde confluirán infraestructura, sistemas territoriales y dinámicas sociales, generando tensiones, conflictos y oportunidades. Será en esta intersección donde emergen las condiciones para la intervención arquitectónica y territorial, concebida como una mediación entre escalas, tiempos y sistemas.
CRÉDITOS: 11
REQUISITOS: Taller 8, Taller de investigación, Estructuras 3, Taller de Urbanismo 3, Prácticas Supervisadas, Historia y teoría de la arquitectura 4, Ética de la arquitectura y Aprobados 5 créditos de electivos de la especialidad