Premio a la Excelencia 2026 / La experiencia de estudiantes Arquitectura PUCP en el Congreso de Querétaro 2026
Fecha de publicación: 26 de marzo de 2026
Como parte del Premio a la Excelencia Académica 2026, las estudiantes Ximena Paola Chumbimuni Beriche, Sofía Pfirter Smareglia y María Alejandra Pérez del Solar Gutierrez participaron en el Congreso Internacional de Arquitectura 2026, realizado en Querétaro, México, del 16 al 18 de marzo. Esta experiencia académica internacional se inscribe en el compromiso de Arquitectura PUCP por reconocer el mérito académico y promover el intercambio con contextos y debates contemporáneos de la disciplina.
Más allá de la asistencia a conferencias, el viaje se plantea como una instancia formativa que articula arquitectura, ciudad y experiencia. A través de recorridos por la Ciudad de México y el centro histórico de Querétaro, así como del contacto directo con arquitectas y arquitectos de distintos contextos, las estudiantes construyen una lectura propia del congreso desde su posición como futuras arquitectas.
Arquitectura y sentido: construir con mayor conciencia
Ximena Chumbimuni Beriche
Salir de las aulas de la FAU para asistir al Congreso Internacional en Querétaro 2026 me permitió observar la arquitectura desde una escala distinta. Recorrer las calles de la Ciudad de México y el centro histórico de Querétaro antes del evento fue el preámbulo perfecto: una lección directa sobre cómo la arquitectura construye ciudad. Asimismo, más que una serie de ponencias, las cuales fueron excepcionales, este encuentro fue una oportunidad perfecta para comprender que nuestra profesión no debe enfocarse únicamente en «cómo construir más», sino en «cómo construir con mayor sentido».
En este contexto, la ponencia que más resonó personalmente fue la presentada por el Estudio ALA. Fundado en Guadalajara en 2012 por Luis Enrique Flores y Armida Fernández, este despacho mexicano se ha consolidado como un referente por su capacidad de reinterpretar la arquitectura vernácula mediante una ejecución técnica contemporánea y sofisticada. Su enfoque no solo busca la estética, sino una integración profunda con el contexto social y material de cada lugar.
De los proyectos presentados, la Vinata de Mezcal fue la que más captó mi atención. Este proyecto situado en la ciudad de Jiquilpan de Juárez, México, resalta por su uso material. El ladrillo artesanal y la madera contralaminada dejan de ser meramente ornamentales para convertirse en dispositivos de control ambiental que gestionan la luz, la temperatura y la ventilación. El trabajo de ALA me confirmó que, al priorizar el detalle constructivo y la experiencia sensorial del espacio, es posible transformar por completo la percepción de un lugar. Como estudiante, a veces perseguimos encontrar la «forma perfecta»; sin embargo, este proyecto me recordó que la arquitectura más potente es aquella que dialoga con su entorno y sus materiales.
Por otro lado, tuve el privilegio de conversar con ponentes de la talla de Zhang Ke, Jean Pierre Crousse y Bernardo Bader. A pesar de venir de realidades y formaciones académicas tan distintas, los tres coincidieron en un consejo fundamental cuando les pregunté sobre el camino al éxito como arquitecto: «Siempre busca que tu próximo proyecto sea mejor que el anterior». Esta reflexión me dejó claro que no existe una ecuación perfecta para lograr el éxito. La clave reside en la autocrítica, en la superación constante y en el compromiso ético de entregar lo mejor de uno mismo en cada proyecto.
Esta experiencia internacional me devuelve a la FAU con una visión expandida y una convicción renovada. Regreso a Lima entendiendo que la arquitectura debe ser una herramienta de protección, tanto del territorio como de quien lo habita. Esta experiencia internacional no solo amplía mi horizonte profesional, sino que redefine mi responsabilidad como futura arquitecta frente a la realidad social y material de nuestro entorno. Me siento profundamente agradecida por esta oportunidad de crecimiento que, sin duda, marcará mi trayectoria profesional.
El sentido como hilo conductor
Sofía Pfirter Smareglia
Gracias al premio a la excelencia académica otorgado por la Facultad de Arquitectura de la PUCP, tuve la oportunidad de participar en un congreso internacional en Querétaro, México. Durante tres días de inmersión total, asistimos a conferencias de arquitectos globales y exploramos la riqueza de la arquitectura mexicana. Más allá del aprendizaje técnico, esta experiencia nos permitió tejer una red de contactos profesionales y amistades entrañables.
La curaduría del congreso destacó por su capacidad de reunir a ponentes con contextos y estéticas muy diferentes, pero que compartían las mismas preocupaciones sobre el ejercicio arquitectónico. A lo largo de las ponencias, un concepto emergió como el hilo conductor de mi reflexión: el «sentido». Entendido como dirección, propósito, memoria y honestidad constructiva, el sentido fue abordado como eje central en las intervenciones de Barclay & Crousse y COA Arquitectura.
Para Barclay & Crousse, el sentido de un proyecto no nace de la forma, sino de entender cómo este ocupa el territorio. Por esta razón, sus proyectos no se revelan de inmediato, sino que se descubren al recorrerlos. Esta búsqueda se apoya en el dibujo como un «método lento» que permite interiorizar lo observado y convertirlo en bagaje. En un país de geografías extremas como el Perú, proponen una mirada a través de la sección de Alexander von Humboldt, donde la arquitectura se ubica en una sección cultural definida por la altitud.
Esta conexión con el lugar se traduce en que ser radical significa establecer raíces. Citando el proyecto Walking a Line in Peru de Richard Long, donde se toma esta línea como una capa más que añade significado al territorio, enfatizan que es primordial que lo que hagamos sea capaz de soportar un sentido. Esto se materializa en obras como el Museo de Paracas, donde el uso de cemento puzolánico permite que el edificio se oxide y se mimetice con el desierto. Junto a la mano de obra local, que trabaja sin técnica avanzada pero con cariño, se logra plasmar la «presencia de una ausencia». Asimismo, en el pabellón de la Bienal de Venecia (2016) Our Amazon Frontline, el uso de telas y muebles locales colgados de bastidores refleja la fragilidad del contexto y transmite un mensaje potente: el territorio se debe mantener a través del cuidado y la educación.
Por otro lado, el estudio mexicano COA Arquitectura plantea que el «sentido del oficio» requiere de un habitar consciente. Para ellos, este sentido gira en torno a conceptos como lo sensorial, la tradición, la memoria, la biografía y lo «no acabado», entendiendo la arquitectura como un culto a la vida que nos significa y nos reconoce. En proyectos como la Casa del Velador, esto se manifiesta en una planta sencilla con esquinas y juntas meditadas; además, destaca el uso de acero dulce colocado al sol para simular la apariencia del acero corten y abaratar costos. Asimismo, en la Vinícola Terra Tinta, el estudio acudió a la inteligencia local para la construcción, buscando soluciones que optimizan recursos y valoran el oficio de la zona, demostrando que la sostenibilidad debe ser un componente implícito en el proceso y no un discurso añadido.
Pueden existir edificios que impactan a la vista pero no perduran; por ello, es esencial que los proyectos otorguen dignidad a través del sentido, la memoria y el contexto. La arquitectura nos enseña que las obras permanecen solo si poseen una raíz profunda.
Arquitectura desde la vida cotidiana y el tiempo
María Alejandra Pérez del Solar
Las conferencias presentadas en Querétaro me permitieron acercarme a distintas formas de entender la arquitectura contemporánea desde una perspectiva más sensible y reflexiva. Dentro del marco del congreso, tanto la presentación de Tatiana Bilbao como la del estudio Carlana, Mezzalira y Pentimalli propusieron metodologías que parten de la observación de la vida cotidiana para construir ideas que escalan hacia la ciudad. Más que enfocarse únicamente en los resultados formales, ambas conferencias mostraron procesos que buscan responder a la manera en que habitamos el espacio.
En el caso de Tatiana Bilbao, me resultó especialmente interesante el concepto de una arquitectura que va «de la mesa a la ciudad», entendiendo el diseño como un proceso para habitar. A través de objetos domésticos como una mesa, un librero o un armario, se plantea cómo la escala íntima puede convertirse en una herramienta para pensar proyectos más complejos. La arquitectura aparece entonces como una estructura que sostiene la vida y los rituales cotidianos, idea que se refleja en ejemplos como el Kloster Maria Friedenshort, monasterio en Alemania, donde el espacio funciona como soporte para la vida colectiva, o en proyectos de vivienda conectada que buscan generar comunidad. También me llamó la atención el caso de su proyecto Mazatlán, donde un terreno vulnerable a inundaciones se transforma en parque y posteriormente en acuario, evidenciando cómo el programa puede evolucionar en el tiempo y adaptarse a las condiciones del lugar.
Por otro lado, la presentación de Carlana Mezzalira Pentimalli me pareció muy sugerente por su manera de entender la relación entre el edificio y la ciudad. La idea de que el tiempo es el verdadero material de la arquitectura propone pensar los proyectos como procesos abiertos que cambian con el uso. Conceptos como la calle entendida como una habitación sin distinción entre interior y exterior, o el vacío como el negativo del edificio, sugieren que la arquitectura puede construirse a partir de relaciones más que de objetos aislados. Ejemplos como Lichtung (2022) muestran cómo el interior y el exterior pueden convertirse en un mismo espacio continuo, mientras que otros proyectos enfatizan el papel de la luz nocturna para mantener una presencia urbana constante. La arquitectura se presenta como generosa, capaz de ofrecer espacios de transición como escaleras que funcionan tanto para circular como para descansar, y proyectos que aparentan ser simples pero que contienen gran complejidad en sus detalles.
Desde mi experiencia como estudiante de arquitectura, estas conferencias me hicieron pensar en la importancia de diseñar a partir de la observación de la vida cotidiana y de las relaciones entre las personas y su entorno. Ambos enfoques proponen una arquitectura que no se impone, sino que se adapta y evoluciona con el tiempo, abriendo preguntas sobre cómo podemos proyectar espacios más flexibles, sensibles y conectados con la realidad contemporánea.
Esta experiencia reafirma el valor del viaje como herramienta formativa en Arquitectura PUCP, donde el aprendizaje se construye desde el contacto directo con otras realidades. En coherencia con la formación de la Escuela, la arquitectura se entiende aquí como una práctica situada, crítica y en permanente construcción, capaz de dialogar con su contexto y proyectar nuevas formas de habitar el mundo

























